El joven cometió el crimen precisamente después de enterarse que Christian había ingresado a la Universidad de Florida. En el 2009, se hizo famoso el caso de un muchacho argentino, de 15 años, que mató a su hermana y a su sobrino porque, según confesó, sentía envidia de que les fuera bien. "Los principales casos de envidia patológica en su máxima expresión y que terminaron en muerte o en agresión están en la Biblia", nos dice el doctor Saúl F. Salischiker, psiquiatra y psicoterapeuta argentino. "Caín mata a su hermano Abel por envidia, y José, hijo menor de Jacob, es vendido como esclavo por sus hermanos por lo mismo, recuerda.

La envidia, no solo es una de las más potentes causas de infelicidad sino que, "siendo universal, es el más desafortunado aspecto de nuestra naturaleza", según el filósofo británico Bertrand Russell (1872-1970), Nobel de Literatura 1950. El griego Aristóteles decía que envidiamos, por lo general, a quienes son como nosotros en cuanto a género, edad, nivel social y hoja de vida.

Todos sentimos envidia, en mayor o menor grado, pues "siempre surgen señales como el de calificar de 'injusta' la ventaja que tiene otro sobre uno o, de ‘arrogante’ al sujeto de nuestra envidia", nos dice el doctor Richard Smith, psicólogo e investigador de la universidad estadounidense de Kentucky, quien escribe un libro sobre el tema. Pero, para algunos, la envidia es un vía crucis: los enferma, les impide dormir, comer, amar o simplemente disfrutar de las cosas buenas de la vida.

La envidia puede ser muy peligrosa e incluso convertirse en obsesión. El envidioso patológico no dudará en emplear las peores armas para exterminar a su víctima, tanto social, profesional, familiar, emocional y hasta físicamente, y utilizará los métodos más despreciables como la difamación, el chisme o la agresión física o psicológica.

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